Dos

Y la miré 
haciendo de mi cabello
su aroma distinto a la rosa
enamorada de sales
y de la música de su sexo
lamí a gotas su vestido arrugado
de azules inmensos, ciertos 

...ambas, cerramos los ojos
y danzamos sin movernos

murmuré un beso
me mojé de ella, quebrada
en la bonanza de un sueño
la ola-caricia arando mi cuerpo

la mar
lleno de lágrimas suyas, cada rincón de mis vacíos.

Rosario Cayo