Tus pasos


Amo tus pasos
los sueltos,
libres
rebeldes.

Hacia mí
conmigo

Tras de mí
contigo

A un lado,
adelante,
lejos,
cerca
con una pie o dos

amo

lo que me caminas.




Tu espalda


 Tu espalda
mide todas las montañas,
profunda de distancias,
no termino de tocar
el  secreto dominical.

ella,
besa mis manos
y resbalo en  sueños rotos
desmayada.

Espalda mía
de octubre
reverberante de lunas 
solitaria de ti.


-vivo en ella-


María Cayo


Somos nosotros


Somos los que se han ido
se fueron y nos besamos…
detuviste  el hilo delgado
de la cita mensual
tejes mi cabellos, tristes
con tus dedos húmedos.

Ellos sonríen y miramos 
tus pupilas nuestras.

Yo lo quiero a las 5.
¿cómo detengo su sudor evaporado?
unas horas más, sin ducha.

Tú, desaparecí
regresas al silencio de caricias
sin temor, ni dudas
para no irnos a ningún lado.

Te regalas
nuestras también
las manos inmaculadas
temblorosa  soy de tocarme
bienaventurados los jueves
cuando se vieron los otros,
y te vas y te vienes a mi cuerpo.

¿dónde estamos tu y yo?
si nunca fuimos
ni seremos ellos,

los habitados del otro.

María Cayo


Instante de loca


Confusa, bailo a solas

rescato un vals desvanecido

y gira la vida, gira, gira.


Mátame locura

con lucidez gozaré el instante

blanco, perenne, incierto.


María Cayo

Eterna Inconforme

Enojada.

Tras el enojo, la pregunta
con madurez respondida
a ciegas,
vocifero al agua.

Eterna inconforme
lunas como milagro oculto
por la mañana, nada
una rodilla herida, sin propósito.

Eterna enojada, inconforme
la mano en un bolsillo
poema que no dice, roto.

Tanta gota en la ventana
indignadas adentro
húmedas en sí mismas, tristean
y resbalo con ellas.

Eterna indignada, inconforme
sin niña de mi infancia
con la muerte en el puño cerrado,
a la espera,

María Cayo


Las alas de la noche


Oscuro latir del tiempo,

cansancio...

horas de minutos seducidos

sin bocas que hablen.


Alas de luces

desquebajadas, muertas

vuelan, vuelan.


María Cayo

Dos

Y la miré 
haciendo de mi cabello
su aroma distinto a la rosa
enamorada de sales
y de la música de su sexo
lamí a gotas su vestido arrugado
de azules inmensos, ciertos 

...ambas, cerramos los ojos
y danzamos sin movernos

murmuré un beso
me mojé de ella, quebrada
en la bonanza de un sueño
la ola-caricia arando mi cuerpo

la mar
lleno de lágrimas suyas, cada rincón de mis vacíos.

Rosario Cayo

Orgullo

Esta tortura
descortés e insolente
existe cuando perpetra
tu arrojo de palabras,
en mi cobardía enmudecida

Y en el ímpetu mutuo
de razones distintas
nos queremos
con un amor absurdo
imprudente, peligroso
ciego, caído, mísero
de nuestras largas ausencias

en tu inmodestia
guardo la ternura tímida
que amedrenta tu valeroso
corazón de nuez
nos damos nada,
como fuegos apagados
cada uno en sus vacíos,
te añejas, me añejo
en la discordancia de un recuerdo
que canta una mañana.

María

eco




eco bendito
se desnuda la  voz
de mi dios prehispánico.
sacrifico  tu silencio
ritual de ayer,
sonido que llega a mi boca.





María Cayo