Lluvia

 

Lluvia

 

La lluvia está llena de preguntas que caen.

Las gotas, duermen y caen desmayadas

No hay nadie más que el agua enojada,

Se escucha el diálogo frenético entre rayos,

oran a gritos, piden  a una respuesta.


Bajo la lluvia, 

sólo existe la palabra y el silencio

en un milagro de mundos caídos.

 

Un charco nutrido y solo,

contrae nupcias con la esquina de calle

moja solemne  las raíces del árbol seco

hasta que la tormenta pasa, muere.

"Después de la tormenta, viene la calma"

pero los humanos no tienen alma,

 manifiesta sus dudas, su esperanza

mojándose en sus funerales

hasta dejar su existencia evaporada,

sin aliento, mojados y rotos.


María Cayo



 


Sin posibilidad alguna

 

Ningún camino me conduce a tu cuerpo,

no hay posibilidad de retorno.

Digamos "no" al momento que no existe, 

nulo, cero, patético y degradado.

Extrañarte, es un accidente,  antojo

una pasión furiosa y desigual, injusta

fuimos resta, números rojos, perdimos,

un amor abyecto, servil, áspero, rudo

somos herido de muerte que debe morir ya.

 

nuestros besos,  incidente maltrecho,

parecían un meme sin ánimo, una costumbre

hemos tenido el mal hábito de coexistir

en un universo perpendicular, anónimo

vives en mis sueños sostenidos por la nada,

 viejos suspiros que se revelan en tu contra

te detestan, se resignan, te rechazan

tocan tu orgullo con una vela encendida

para que mires el océano desde el fondo.


Es lo que hay: menos que vacíos.

Desintegro los besos en mi mente

y te abandono en una esquina, un rincón,

más inútil que sagrado,

 debajo de mis recuerdos y libros,

los que ya no toco de tanto leerlos,

porque te sé de memoria.


María Cayo




El charco de agua

 

El agua


Vive serena, en un charco

en la calle sucia, en el patio

encerrada en sí misma para ser pisada

o bebida por algunos pájaros.


Agua sucia, callada

duele ser un río que no fluye

un océano pequeño, caído

un lago oscuro, sombrío

 

Se alimenta de lluvia,

le duele ser charco, lodazal,

y al caer la tarde, al finde la tormenta

se desvanece...

así, sin remedio.

 

Hay charcos que miran al cielo,

sueñan con ser células de nuevas aguas,

tienen la esperanza de volar, evaporarse

a nuevas nubes, menos crueles.

 

María Cayo




Oda a los sueños de viajar

 

Oda a los sueños de viajar.

 

Cuando niña, amaba soñar que viajaba,

los árboles mojados en mi jardín eran selva 

y el charco de la esquina, un océano

entre chocolates, suspiros  y pobreza,

la imaginación atravesaba las nubes

para descubrir lo que había detrás,

desde el sur hacia el norte...

 

Soñaba sin distancias fabricadas,

la colorida travesía de los aviones y trenes,

cargando con mis dudas culturales,

cepillando mis  felices cabellos matinales

que despertaban de  tierras ilusorias y firmes.

 

Por la noche, acomodaba en mi mochila,

las miradas curiosas de mi ser extranjero,

compartiendo con lejanos extraños,

una lengua tan distinta a la mía...

para luego despertar y devorar el desayuno.

Mis viajes de adulto son diferentes,

el mundo es menos mío, más de otros

y la libertad de tránsito no me sirve de nada,

porque he dejado de cerrar mis ojos en la azotea...


 En mis inviernos y noches oscuras,

me quedo sedentaria sin mirar a la ventana,

sueño que el mundo es mi habitación,

y mi almohada, triste frontera.

¡Brindo por mis viajes que no hice!

y lloro por los sueños de niña,

que no volverán a ser eternos.

 

María Cayo.



La noche

 

La noche, mujer pequeña,

se sienta y me mira, como igual,

con su perfume a rosas,

mirada luminosa, anónima

y un magistral silencio eterno.

 

La noche es una ventana a la calle,

prostituta de piernas abiertas,

 musa de todos los poetas,

es una taza de café que cuenta historias,

es un alma rota, una copa derramada,

la media luz del insomnio, pereza,

la noche es la cama del obrero,

la cena fría, ausencia de luces,

No es "el noche", no.

La noche es una mujer,

o  todas las mujeres en una,

amiga de las eternas:

vacía, llena , triste, enojada, excitada.


María Cayo




 

 


LM

 


luz

Libro

Libre, libélula

Lascivo, lubricante, lamido

Lomo, luminoso, literaria , laceración

Leche, lacrimógeno, lámpara, lástima, lenguaje

Liviandad, líquido, lechuza, lectura, leve, largometraje

Me encuentra, me busca, me seduce, me eleva, me calma

me moja, me seca, me sube, me baja, me enloquece

me encuentra, me pierde, me toca, me nutre

me lee, me aprisiona, me abandona

me cansa, me ciega, me ríe

me llama, me dice

me miente

mío.


María Cayo


 


Zapato

 

Tengo un zapato perdido, es como yo: se pierde para ser buscado. Tiene una extraña costumbre de refugiarse en un rincón debajo de la cama, para estar solo. No está. Está fatigado de cargarme, supongo. Algo molesta a mi zapato extraviado, me lo ha dicho mi pie derecho, dice que el dolor le viene de mis pasos confundidos y nostálgicos. Es un pobre zapato viejo, único e irrepetible, barato y de mala calidad,  probablemente tenga resaca o fue discriminado, anoche llegué ebria y lo pisé sin querer y no aparece, levantaré una denuncia. Sin embargo, tengo un zapato negro en mi pie derecho, es un huérfano de compañero y yo, una mujer incompleta. En mi sube y baja, también baja el tono de la esperanza, no sé si he de encontrar quien cobije o proteja a mi pie izquierdo. El frío llega, inicia en la punta de mi dedo y se recorre a todos lados del cuerpo. 

Basta de bromas, díganle que aparezca...que lo extraño, no me resigno a andar descalza por los caminos de mi historia.

María Cayo



 

 


El amor busca

 


El amor me busca,

siempre me busca en cada letra de poema

en cada copa de vino,

me busca en la calle sin nombre

en la boca de la noche

en el umbral de la mañana

en un puño cerrado

me busca en los océanos profundos

en las fronteras invisibles y solitarias

en la hoguera de corazones vacíos

en el teatro y biblioteca

en el salón de clases y en la calma

en la tristeza ahogada en llanto del niño

en una casa cerrada con candado

en una playa desierta

en el café y en tinto

en el vodka y el tequila

en la copa vacía, en el infierno frío

en el cielo cálido, en el zoológico

en el tranvía, en comercios de chatarra.

es necesaria su búsqueda, pero

es ciego y sordo, no escucha mi murmullo

¿no lee? ¿no mira? ¿no oye?

díganle que aquí estoy

donde está lo pequeño y lo tímido

lo escondido y lo orgulloso

llena de mil palabras en silencio

con la esperanza fallida,

en una casa rota... sin alas.

Digan pues, que ya no me busque

porque ya no quiero que me encuentre

es tarde, y se ha ido el frío.

 

María Cayo.


No son mis pies

 

No son mis pies, duele el camino. 

Desgarrada de pensarte, tu ausencia me duele. Como el frío que golpea cada noche a la luna, así duele. Te espero todas las horas, incluso cuando duermo.

No te hubiera dicho nada, mi primera palabra resbaló en tu hermosa sonrisa. Te hice mío y te colgué como un cuadro valioso, único y te atreviste a decorar mi casa sola, de vacíos muchos.

No te hubiera dicho nada. No harías tanta falta en estos brazos que no te tocan, en mis versos que nunca logras traducir a tiempo. No existe ninguna manera de olvidar que existes en un lugar tan lejano. Ahí vivo, en tus distancias: la real y la que olvidaste al amarme.


Soy

 

He besado mi tierra sin remilgos,

colocados abrazos donde me los han pedido

regalado flores y cartas, desprecios

hay cines en mi historia, libros y quejas

sé del elixir de una buena copa y un mezcal barato

la soledad la integro y desintegro a mi antojo

tengo buenos amigos y también conocí el odio

la repugnancia, el asco, la desolación

y nada me impide detener mi paso para ver una ola

saborear un colibrí,

Mis batallas no han sido perdidas del todo.

Se de amor y desamor,

de intensas noches y mediocres, he vivido toda tipo de lunas

menguantes, llenas y vacías...

sola o acompañada

doy bienvenidas como despedidas a los míos,

puedo decir "adios", aunque nadie se vaya

aunque todos se queden...

palabreo "te quieros" y también "te extraños"

Lo perdido, fue ganado

según el cristal exitosa o fracasada

y no me importan demasiado los diretes

los anteojos con que me miran

empañados, claros, rotos, sucios.

la que percibes , esa soy.

ligera transparencia

ligera benevolencia

nostálgica a veces ¿ y qué?

hago muchas cosas a medias,

amo, con la mente o cuerpo

según lo requiere el otro

no olvido, no olvido nada.

no olvido nunca.

¿quién no se equivoca?

todos los días tengo errores de colores

soy una poca cosa con alta autoestima,

soy poeta y mujer

soy madre y mujer

soy mujer

soy una mujer cualquiera

en un mundo cualquiera.

Mis batallas perdidas no han sido perdidas del todo.

 

María Cayo